miércoles, 9 de septiembre de 2015

RELATO CORTO






AMAR


-Ámame –dijo al llegar al salón, lugar donde yo me encontraba sentado esperando que llegase con mi copa.

La miré fijamente, sin ni siquiera pestañear mientras se quitaba su vestido y me mostraba su perfecta desnudez, tan divina. Impactado, medité unos segundos qué hacer. Me encontraba dividido entre amar a la mujer de mi mejor amigo o entregarme por fin a mi amada. A la mujer que amaba en secreto desde hacía años, desde toda mi vida.
   
Mi corazón, por vez primera, mandó sobre la cordura. No fue capaz de atender a razones de amistad ni lealtad entre colegas. La mujer que amaba desde tener uso de razón me estaba pidiendo que la amase y hasta la última de mis células lo deseaba con desespero.

-Eso haré. Te amaré. Te amaré hasta la muerte –contesté, fundiéndome en sus labios a continuación.
  
Nuestros cuerpos, entre enardecidos y locos besos, acabaron tumbándose en el sofá. En el mismo sofá que había estado sentado infinidad de veces junto a mi amigo, aunque no era momento para pensar eso, sino para amar. Y eso hicimos, amarnos. Nos comimos, nos bebimos, nos devoramos hasta consumirnos; y ni un ápice de remordimiento por haber traicionado a mi amigo recorrió mi cuerpo. Yo amaba a su mujer mucho antes que él y nunca le reproché nada cuando me la arrebató. Callé y otorgué, sin más. Pero ahora el cielo me daba una oportunidad y no pensaba desperdiciarla, ni loco, ni en sueños.

-Te amo. Te llevo amando toda mi vida –le expliqué mientras aún la tenía entre mis brazos.

-Lo sé –afirmó con calma-. Por eso mismo he querido que me amases hoy. Yo también te quiero, pero no te amo como a mi marido, es diferente. Tú eres como ese fruto prohibido que se exhibe jugoso y apetecible y sabes que siempre está ahí, a tu alcance. Pero mi marido resulta ser el nutriente de mi ser, esté a mi lado o no.

-¿Entonces? ¿Esto qué ha sido? –pregunté confuso a la par que desilusionado.

-Esto ha sido tan solo un rato de amor entre dos personas, sin nada más que añadir. Pero no te sientas triste –dijo, cogiéndome la cara con sus manos- siéntete afortunado. Piensa que al menos has disfrutado durante un rato de la persona a la que amas, de la que te sientes enamorado. Otros no logran tal cosa nunca, en toda su vida –afirmó, y me besó en la mejilla.

Se levantó despacio y empezó a vestirse. Yo, aturdido aún, sin comprender lo sucedido hice lo mismo. Tras otro beso en mi mejilla, amablemente me invitó a marcharme de su casa. Salí de allí algo confundido, si bien no me encontraba triste, y al momento comprendí sus palabras y la sonrisa ocupó mi cara, la felicidad se esparció por todo mi ser. Mi amada llevaba razón, debía sentirme afortunado por haberla podido amar, por haberme sentido el dueño de su corazón por un momento, por haber saboreado su dulzura y pasión, por haberme deleitado sintiendo mía su alma, solo mía en ese instante. Verdaderamente era muy afortunado porque no todos en este mundo conseguían esa plenitud amorosa aunque amasen a diario. Era un privilegio que yo sí había obtenido. Y sentirme así, orgulloso de haber acariciado la pureza del amor, me llevó a proclamarme su enamorado de por vida. Daba igual si ese momento de amor no se repetía entre nosotros, viviría con el recuerdo de nuestro encuentro hasta que la vida me arrastrase a la muerte, me separase definitivamente de ella. Viviría con él hasta que mi existencia se transformase en polvo y mi alma se desvaneciese al completo. Era mil veces mejor vivir de ese recuerdo que de sueños, como hasta ahora había vivido… o mejor decir, como hasta ahora había sobrevivido.
 



Espero que os guste mi relato. Muchas gracias a todos por leerme.











2 comentarios:

  1. ¡Muy bonito!
    Aunque me hubiera gustado aún más si ella también le quisiera. No sé, llámame tonta romántica :D

    Un besazo.

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    1. Muchas gracias, Abi, y por supuesto que no te voy a llamar tonta romántica, es tu opinión y es muy válida. A mí también me gustan las historias de amor, pero los amores imposibles también, para mí, tienen su punto. Y este es uno de esos amores imposibles a los que de vez en cuando dedico mis letras. Un beso, guapa.

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