jueves, 10 de septiembre de 2015

RELATO CORTO: AQUELLA MUJER

AQUELLA MUJER


Aquella mujer no era nadie especial. Simple ama de casa desde hacía años, trabajadora incansable en otros tiempos, hija subyugada a un padre viudo y enfermo, madre abnegada a unos hijos de los cuales se sentía tremendamente orgullosa y, ante todo, esposa y amante fiel. En definitiva, nadie especial.
A menudo pensaba qué sentirían los demás por ella, si el amor de sus hijos sería tan grande como el suyo, si su padre la necesitaba tanto como parecía o solo era hábito por comodidad, si su marido en verdad aún la amaba o tan solo permanecía con ella por conformismo en la costumbre. Con frecuencia también se preguntaba si alguien la echaría de menos si llegase a faltar, pero no por necesidad, sino por amor, porque ella, en definitiva, no se sentía nadie especial.
Aquella mujer creía que no aportaba nada a esta vida, ni al mundo, ni a la historia, no era capaz de ver con cuánto había colaborado ya a la sociedad.
Aquella mujer no imaginaba cuánto la querían y necesitaban sentimentalmente y con resignación prosiguió diariamente con los quehaceres de su vida, envejeciendo prematuramente hasta desaparecer. Aquella especial mujer abandonó nuestro mundo antes de lo debido y se marchó de él sin saber lo que los demás veían en ella: la gran persona que habitaba su alma, su colosal papel como madre e hija, su grandeza como aliada, amante y compañera y la enorme amiga que llevaba en su interior y que se daba continuamente a los demás. Aquella mujer no vio el amor de todos cuantos le rodeaban y ella quería, y no porque no quisiese hacerlo, sino porque no se lo mostraron. Nadie supo demostrarle, como debía, lo que significaba para cada uno de ellos, su importancia en sus vidas; y eso, sentir que valía tan poco cuando los demás lo eran todo para ella… eso le carcomió el alma, la mató por dentro.


Moraleja: Muestra siempre cuánto amas a los que te aman a ti. Muéstralo a diario, con palabras y hechos. Alimenta el amor de los demás, ellos también necesitan nutrirse de él para vivir.



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