miércoles, 23 de septiembre de 2015

RELATO CORTO: MAMÁ, ¿QUÉ ES EL AMOR?



MAMÁ, ¿QUÉ ES EL AMOR?



-Mamá, ¿qué es el amor? –le preguntó la niña a su madre nada más salir del colegio.
  La madre miró fija a su pequeña de casi diez años y sonrió, pensando cómo explicarle a su hija todo lo que uno sentía cuando amaba. Entrelazando sus dedos a una de sus manos, sin perder su expectante carita de vista ni un segundo y echando a andar para regresar a casa, la madre empezó a hablar.
-Verás, cariño, el amor es algo maravilloso que nos hace temblar por dentro de alegría, pero a la vez es temeroso y nos llega a poner tristes. Es gratificante y necesario a la par que angustioso y asfixiante.
-Pero, mamá, entonces el amor es raro –le dijo, mirándola con gesto desorientado y extraño-. Es bueno y malo al mismo tiempo.
-Sí, mi niña, el amor es así, contradictorio. –Asintió despacio-.Porque el amor es un conjunto de sentimientos que nos liga a otras personas, nos pasea por un empedrado camino, nos baña con una suave capa de aterciopelada espuma, duele tanto como calma y siempre nos llena de satisfacción cuando somos correspondidos. Y da igual de dónde provenga: de familia, amigos o de alguien que nos ha enamorado. Es lo mismo en todos los casos porque esos sentimientos que nacen conllevan amor.
-¿Y todos son el mismo amor, mami?
-No, mi vida, cada uno es diferente, cada uno te hace sentir distintos tipos de emociones.
-Explícamelos, ¡por fa, por fa! –exclamó en una súplica.
-De acuerdo. A ver, empezaremos por el materno y paterno, ese siempre será el amor más noble, el que siempre buscará nuestro bien por encima de todo aunque a veces no lo entendamos por nuestra escasa madurez. Luego está el filial, el amor a los hijos, por el que seríamos capaz de entregar la vida, el que más orgullosos nos hará sentir y el que más nos robará el sosiego. El familiar nos llenará de alegrías por compartir momentos, pero también nos entristecerá con alguna que otra despedida a la que estamos obligados a superar por ser ley de vida. El amistoso nos hará reír bastante, nos alejará de los problemas y nos regalará recuerdos maravillosos, pero si es un amor fuerte y leal nos hará sufrir mucho por el dolor ajeno. Pero el más extremista, sin lugar a duda, y por lo tanto el que más nos hará sufrir o nos llenará de placer y nos hará sentirnos dichosos, es el amor de pareja, el amor de la persona que elegimos para ser nuestro compañero de viaje en la vida.
-Jolines, mamá, cuántos tipos distintos de amor –afirmó asombrada.
-Sí, hay muchos. Pero debes tener en cuenta una cosa, todo tipo de amor, provenga de donde provenga, se alimenta de la misma forma. Todos los días debe ser nutrido para que no se marchite y muera. A diario debe ser abonado con dos palabras. Dos palabras mágicas, llenas de poder. Dos palabras tan necesarias como el aire que respiramos: “Te quiero”. Siempre debemos hacerles saber a las personas que amamos y nos importan que las queremos. ¿Has entendido ahora el significado del amor?
-Sí, mamá. Y yo te quiero mucho. –Sonrió.
-Y yo a ti, hija. –Le devolvió la sonrisa y le dio un beso en su sonrosada mejilla.
-Ahora se lo tendré que explicar a mi amiga Celia, ella no sabe que el amor es así.
-¡Ah, no! ¿Y eso? –interpeló con curiosidad.
-Celia dice que ayer le preguntó a su madre qué era el amor y ella le contestó que el amor era un asco, toda una condena.
  La madre se quedó un segundo pensando en la progenitora de Celia, la amiguita de su hija, una mujer a la que la vida no había tratado nada bien ni en lo relativo a la familia ni en temas de pareja. No le extrañaba nada que ella tuviera esa visión tan pesimista del amor, pera estaba convencida de que le gustaría ser amada por alguien más que solo su hija, y amar a más personas. Que le encantaría poder contar con su familia, repartir su amor y sentirse querida por ellos. Tener alguna buena amistad con la que apoyarse, desahogarse y echar unas risas. Incluso encontrar a un hombre que la respetase y amase a la vez que ella le entregaba su amor. Volvió a sonreír con sutileza, miró la carita de inocencia de su pequeña y decidió añadir una última cosa.
-Puede que lo sea, cariño, puede que el amor sea una condena. Pero ¿sabes qué?
-¿Qué? Dime –habló la pequeña con impaciencia.
-Que el amor es una divina condena a la que todos, sin excepción, queremos estar sometidos. De eso que no te quepa duda alguna, mi amor.








"En nuestro planeta sólo podemos amar sufriendo y a través del dolor. No sabemos amar de otro modo ni conocemos otra clase de amor".

Fiódor Dostoievski




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